En el corazón de Florencio Varela existe un lugar que lleva más de siete décadas formando parte de la historia de la ciudad. El Santuario de Schoenstatt, ubicado sobre Misiones al 2501, comenzó a construirse a comienzos de la década de 1950 y con el tiempo se convirtió en uno de los principales puntos de peregrinación de la región.
La piedra fundamental fue colocada en 1951 y el santuario fue bendecido el 20 de enero de 1952 por el padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt. Se trata del primer santuario de esta corriente religiosa construido en la Argentina.
Con el paso de los años, el predio fue creciendo alrededor de la pequeña capilla. Hoy cuenta con amplios sectores parquizados, jardines, espacios para descansar, un vivero, una casa de té y la Iglesia de Dios Padre, además de distintos recorridos para quienes quieran conocer la historia del lugar.
El santuario fue reconocido como Santuario Nacional en 1977 y continúa recibiendo visitantes y peregrinos de distintos puntos del país.
Cómo se puede visitar actualmente
El predio está abierto de lunes a domingo de 9 a 18, excepto los martes. Se puede concurrir de manera individual, en familia o en grupo, sin necesidad de que la visita esté vinculada exclusivamente con una celebración religiosa.
Para quienes quieran conocer con mayor profundidad la historia del espacio existen visitas guiadas, que deben reservarse previamente. También hay recorridos autoguiados que permiten conocer distintos sectores mediante códigos QR.
Entre las alternativas se encuentran recorridos por el Vía Crucis, la Iglesia, los jardines y el denominado Camino del Padre, un sendero relacionado con los recorridos que realizaba Kentenich durante sus visitas al lugar.
El espacio también mantiene una agenda de celebraciones religiosas durante todo el año. Los domingos se realizan misas y el 18 de cada mes tiene lugar la tradicional Misa de Alianza.
Así, más allá de su importancia para quienes profesan la fe católica, el Santuario de Schoenstatt representa también un lugar histórico y particular de Florencio Varela, con jardines y espacios que pueden recorrerse y una historia que comenzó en la década del 50 y todavía permanece vigente.
