Investigadores de la Universidad McGill observaron que los recuerdos asociados con amenazas y ambientes inofensivos pueden superponerse. El hallazgo podría aportar nuevas pistas sobre la ansiedad y el estrés postraumático, aunque todavía debe estudiarse en humanos.
Una investigación realizada por científicos de la Universidad McGill y de la Universidad de Toronto-Scarborough propone una explicación diferente sobre cómo el cerebro procesa el miedo: en determinadas condiciones, las experiencias peligrosas y las situaciones seguras pueden quedar representadas de manera menos diferenciada en la memoria.
El trabajo, publicado en la revista Nature Neuroscience y difundido este 3 de noviembre, fue realizado con ratones y utilizó una combinación de realidad aumentada y técnicas de observación de la actividad cerebral.
Durante los experimentos, los animales fueron entrenados para asociar un entorno con una amenaza y otro con una situación segura. Los investigadores observaron que las representaciones neuronales de ambos ambientes comenzaron a superponerse en el hipocampo, una región cerebral fundamental para el aprendizaje y la memoria.
Para registrar ese proceso, el equipo diseñó un entorno experimental que permitía modificar los estímulos visuales y auditivos que recibían los ratones sin trasladarlos físicamente. Al mismo tiempo, pequeños microscopios registraban la actividad de cientos de neuronas.
Los resultados sugieren que el miedo puede hacer que el cerebro recupere con mayor rapidez recuerdos relacionados con amenazas, incluso cuando el entorno actual no representa un peligro.
Desde el punto de vista evolutivo, los investigadores plantean que este mecanismo podría tener una utilidad: responder rápidamente ante una posible amenaza puede ser más importante para la supervivencia que analizar con precisión cada situación.
Sin embargo, esa ventaja también puede tener un costo. Si el sistema prioriza la velocidad por encima de la precisión, el cerebro puede activar una respuesta defensiva frente a estímulos que en realidad son inofensivos.
Los autores consideran que el hallazgo podría contribuir a comprender por qué algunas personas con ansiedad o trastorno de estrés postraumático experimentan miedo intenso ante situaciones que no representan un peligro inmediato.
De todos modos, los experimentos se realizaron en animales y no demuestran que el mismo mecanismo explique por sí solo esos trastornos en seres humanos. Será necesario realizar nuevas investigaciones para determinar si los resultados pueden trasladarse a la comprensión clínica de la ansiedad y el trauma.
