La Argentina atraviesa una transformación demográfica profunda. Según estudios del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, la tasa de fecundidad se derrumbó de 2,1 hijos por mujer en 2001 a apenas 1,4 en el último censo, y entre 2014 y 2024 los nacimientos cayeron a más de la mitad, de 777.012 a 413.135.
Ese desplome no responde únicamente a decisiones deliberadas de no tener hijos: existe una brecha entre lo que las personas desean y lo que finalmente logran. Datos globales del Fondo de Población de Naciones Unidas muestran que cerca de uno de cada cinco adultos menores de 50 años cree que no llegará a tener la cantidad de hijos que desea, y esa proporción trepa a más del 40% entre quienes ya superaron esa edad y comparan los hijos que tuvieron con los que esperaban tener.
Especialistas explican que esta «brecha de la fertilidad» se explica por varios factores combinados: las dificultades económicas y habitacionales, la tensión entre carrera laboral y crianza, y la postergación de la maternidad hacia edades más avanzadas. En Argentina, ese último punto es especialmente marcado: seis de cada diez mujeres que consultan por problemas de fertilidad ya superaron los 35 años.
A la par, crece la proporción de quienes directamente descartan la paternidad por elección propia: entre quienes no quieren hijos, más de la mitad afirma que simplemente no forma parte de su proyecto de vida, por encima de motivos económicos. El resultado combinado —menos deseo declarado y menos posibilidad de concretarlo— explica por qué hoy más de la mitad de los hogares argentinos ya no tiene menores a cargo.
